APUNTES DE GRAMÁTICA ESPAÑOLA


INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO GRAMATICAL

 La primera pregunta a la que nos teníamos que enfrentar es: ¿Qué es la gramática?.

Es la rama de la lingüística que tiene por objeto el estudio de la forma y composición de las palabras (morfología), así como de su interrelación dentro de la oración o de la frase (sintaxis). El estudio de la gramática muestra el funcionamiento de las palabras en una lengua.  

Distintos tipos de gramática

    La primera vez que casi todo el mundo establece contacto con la gramática es en la escuela cuando estudia su propia lengua o al aprender otra, como segunda lengua. Se denomina normativa porque dice cuál es el funcionamiento de las diversas partes de la oración según la norma de cada idioma. Dictamina qué palabras son compatibles entre sí y qué oraciones están bien formadas, de manera que cualquier hablante a través de las reglas gramaticales perciba si emplea bien o mal esa lengua.

    Es una forma de enfrentarse a la formación de las palabras, oraciones y frases de un determinado idioma. Ahora bien, existen otras formas de gramática que se interesan por los cambios: cuando se estudian los que ha habido en la formación de las palabras y de las oraciones a lo largo de la historia —por ejemplo, cómo era una determinada palabra o una construcción en el español antiguo o el del siglo de oro — se aborda el estudio de la gramática histórica. Otros enfoques plantean cuáles son las semejanzas y diferencias que existen entre varias lenguas y se realiza desde una perspectiva de la gramática comparada, que establece las relaciones que hay entre las lenguas al comparar su fonética y las equivalencias en el significado de las palabras; así al buscar formas análogas en las lenguas próximas las gramáticas pueden descubrir qué forma influye de una lengua en otra. Otra posibilidad es investigar cómo se emplean las palabras y qué tipos de oraciones son las adecuadas según sea el contexto social en que se empleen; ése es el objeto de la gramática funcional.

    Desde otra perspectiva se describe cómo están organizadas las unidades mínimas con significado que forman las palabras (morfemas) y las que forman las oraciones (constituyentes). A tal enfoque se le denomina gramática descriptiva. Su estudio contiene las formas del idioma actual registradas por los hablantes nativos de una determinada lengua y representada por medio de símbolos escritos. La gramática descriptiva indica qué lenguas —e incluso aquéllas que nunca se han escrito ni registrado por ningún otro procedimiento— tienen una estructura parecida.

    Todos estos enfoques de la gramática (normativa, histórica, comparativa, funcional y descriptiva) estudian la morfología y la sintaxis; sólo tratan los aspectos que poseen una estructura. Por lo que constituyen una parte de la lingüística que se distingue de la fonología (estudio de los fonemas) y de la semántica (estudio del significado). Así entendida es la parte organizativa de la lengua.

    Se llama gramática generativa transformacional a la fundada por el investigador estadounidense Noam Chomsky. Se trata de un enfoque muy diferente, casi toda una teoría del lenguaje. Los generativistas entienden por lenguaje "el conocimiento que poseen los seres humanos que les permite adquirir cualquier lengua". Es una especie de gramática universal, un estudio analítico de los principios que subyacen en todas las gramáticas humanas.

Historia de la gramática

    Quienes iniciaron el estudio de la gramática fueron los griegos que lo hicieron desde una perspectiva filosófica y describieron la estructura de la lengua. Esta tradición pasó a los romanos que tradujeron los términos gramaticales, tanto de las partes de la oración como de los accidentes gramaticales; muchas denominaciones han llegado a nuestros días (como por ejemplo nominativo, singular, neutro). Pero ni los griegos ni los romanos supieron cómo estaban relacionadas las diversas lenguas. El problema se planteó con la gramática comparativa, que fue el enfoque dominante en la lingüística del siglo XIX.

    Al parecer, las primeras investigaciones gramaticales del mundo moderno han ido emparejadas con el afán por descifrar las inscripciones y textos antiguos. De ahí que la gramática estuviera ligada a las sociedades que poseían una extensa tradición de textos escritos. La primera gramática que se conoce es la Panini para el sánscrito, una lengua de la India. En ella se mostraba cómo se formaban las palabras y qué parte de las mismas era la que llevaba el significado. Los trabajos de Panini y de otros estudiosos indios sirvieron para interpretar los libros sagrados de los hindúes que se escribieron en sánscrito. Otro pueblo que prestó gran atención a su lengua fueron los árabes, que en la edad media introdujeron en Occidente todo el saber de los filósofos griegos, olvidados hasta que ellos llegaron. Realizaron la traducción de las obras de la antigüedad a su lengua, y en función de su expansión geográfica estuvieron en contacto con otros idiomas desde la cuenca mediterránea hasta Persia en el extremo oriental. Gracias a la convivencia que tuvo lugar en la península Ibérica de las culturas árabe, hebrea y cristiana se desarrolla en Toledo la Escuela de Traductores, donde se copian y traducen importantes obras que así llegaron al conocimiento de Occidente. A lo largo del siglo X, los judíos completaron el inventario léxico del hebreo, conocido como el lexicón, término de origen griego, y asimismo llevaron a cabo lo que hoy se denominaría primer estudio filológico del Antiguo Testamento.

    Al gramático griego Dionisio de Tracia se le debe el esfuerzo de elaborar su Arte de la Gramática, primera gramática de su lengua en términos modernos, difundida por los árabes y que ha servido de base a las gramáticas del griego, del latín y de otras lenguas europeas hasta bien entrado el renacimiento. Durante toda la edad media quienes en Europa se dedicaron al estudio conocían, además de sus propias lenguas y el latín, las de los pueblos vecinos con quienes estaban en contacto. Aprovechando esta circunstancia se plantearon de qué forma podía hacerse la comparación entre las lenguas. Con la llegada del renacimiento y su admiración por el mundo clásico se cae en la trampa de pensar que el ideal en los estudios gramaticales consiste en describir cualquier lengua conforme a la estructura que poseían el latín y el griego.

    Durante los siglos XVI y XVII, lo que se intentó fue determinar qué lengua era la más antigua, dado el conocimiento que de ellas se había adquirido durante la edad media y el renacimiento. Como tuvieron en cuenta su tradición cristiana y por tanto la Biblia, en muchos casos se llegó a la conclusión de que se trataba del hebreo. También se eligieron otras lenguas por circunstancias ajenas a lo lingüístico: ése fue el caso del holandés en el entorno centroeuropeo y muy relacionado con la reforma protestante y la expansión comercial. Durante el siglo XVIII se inician las comparaciones entre las lenguas que culminan con la afirmación de que existe una única lengua, origen de cuantas se hablaban en Europa, Asia y Egipto —la que se llamará más tarde indoeuropeo— hecho que afirmó el filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz.

    En el siglo XIX los estudiosos desarrollaron un análisis sistemático sobre determinados aspectos de las lenguas, realizados con el modelo que supuso el sánscrito. La guía para elaborar las gramáticas de muchos idiomas europeos, el egipcio y algunos asiáticos, fue la gramática de Panini. A estos estudios ya situados en la comparación de las lenguas relacionadas utilizando la obra de Panini como guía, se les denomina gramática indoeuropea, que es un método para comparar y relacionar las formas de la oración que poseen muchas lenguas.

    No obstante, el enfoque renacentista que consiste en describir las lenguas bajo el modelo grecolatino, tardó en desaparecer. No se inició la descripción gramatical de las lenguas dentro de sus propios modelos hasta principios del siglo XX. Bajo esta nueva perspectiva hay que colocar el Manual de las lenguas indígenas americanas (1911) obra del antropólogo Franz Boas y sus colaboradores, así como los trabajos del danés Otto Jespersen, dentro ya de la escuela estructuralista y descriptiva, que publicó Filosofía de la Gramática (1924). La obra de Boas ha sido la base en la que se han inspirado muchas gramáticas descriptivas estadounidenses. La de Jespersen ha sido la precursora de otros enfoques de la teoría lingüística, como por ejemplo la gramática generativa transformacional.

Boas desafío la metodología tradicional de la gramática al estudiar otras lenguas no indoeuropeas y que no tenían testimonios escritos, como las lenguas indias de Estados Unidos). Creía que la capacidad humana que es el lenguaje, se organiza en la gramática de cada lengua concreta. Toda gramática descriptiva debería describir las relaciones que se establecen entre las palabras y las oraciones de una lengua, a partir del inventario del que disponen las personas en el lenguaje. Gracias al esfuerzo innovador del trabajo de Boas, la lingüística descriptiva se convirtió en la gramática dominante en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX.

Jespersen, lo mismo que Boas, pensaba que las lenguas había que estudiarlas a partir de las manifestaciones orales de sus hablantes y no de los documentos escritos, porque como ha demostrado Bühler en su Filosofía del lenguaje, la lengua hablada y la escrita representan distintos niveles del lenguaje. Buscaba Jespersen los elementos comunes a todas las lenguas y los clasificó en su teoría de los tres rangos, para encontrar la estructura en la que se organizan, tanto en su forma presente (el conocido por estudio sincrónico) como en su forma a través de la historia (conocido por estudio diacrónico). El análisis descriptivo, representado en estos dos autores, desarrolla unos métodos precisos y científicos, además consigue describir las unidades formales mínimas de cualquier lengua. Como aísla esas unidades y encuentra la estructura que las relaciona, se conoce por gramática estructuralista. Fue concebida en primer lugar por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure, que distinguió entre la estructura general que poseen todos los idiomas, y que él denominó lengua con el término francés langue, y las realizaciones concretas de esa estructura que hacen todas las personas cuando hablan, a lo que denominó habla, parole en términos de Saussure. La lengua es el sistema que sostiene cualquier idioma concreto, esto es lo que hablan y entienden los miembros de cualquier comunidad lingüística porque participan de la gramática de ese idioma. El habla es la realización concreta de la lengua, pero en sí misma no es lo que describe la gramática. La gramática estructural concibe cada lengua particular, ya sea el chino, el francés, el español, el swahili o el árabe, como un sistema que tiene varios niveles, cada uno con sus elementos propios —fonemas, morfemas, sintagmas y semantemas, esto es, los elementos mínimos de la fonética, la morfología, la sintaxis y la semántica— y que se interrelacionan en esa gran estructura. Así pues describe y estudia las relaciones que existen en todos los niveles del habla en cada lengua concreta. Y ello esté o no escrito, hablado o grabado en una cinta magnetofónica.

A mitad del siglo XX, Chomsky, que había recibido una formación estructuralista en la escuela de Bloomfield, buscaba la forma de analizar la sintaxis del inglés dentro de los principios estructurales. Su esfuerzo le condujo a concebir la gramática como la teoría de la estructura y no como la descripción de unas oraciones concretas. La entiende como un mecanismo que produce una determinada estructura, que no es sólo de una lengua determinada, sino que pertenece a la competencia, es decir la capacidad que tienen las personas para emitir y entender las oraciones que forman parte de su lengua o de cualquier otra. Su teoría de carácter universal, está relacionada con las de los estudiosos de los siglos XVIII y XIX, quienes estaban buscando la raíz lógica de la gramática, para que fuera la clave que analizara el pensamiento. A esa escuela perteneció el filósofo británico John Stuart Mill, que ya en 1867 creía que las reglas gramaticales de una lengua eran la forma que correspondía al modo en que estaba organizado el pensamiento humano universal.

LA GRAMÁTICA

     La Gramática es la ciencia que se encarga del estudio de la lengua a través del análisis, de la observación y de la experimentación de los usos normales de esa lengua.

      Entendida así, la Gramática debería ser una disciplina lingüística de objetivos precisos y de fácil estructuración y organización expositiva.  Sin embargo, a lo largo de la historia de la cultura han sido muchos los trabajos gramaticales que han ido apareciendo, y no todos coinciden en el método y objeto de estudio, ni, incluso, en la exposición científica.

      La gramática ideal sería la que recogiese y sistematizase las distintas formas y grados de todas las unidades parciales de la lengua; pero ello es casi imposible, por lo que en los manuales aparecen distintas formas de análisis y de estudio gramatical, aunque en la mayor parte de ellos se intente presentar el estudio de una "lengua común", que se considera lengua ideal.

      Por otra parte, el término gramática ha ido adquiriendo distintas acepciones a lo largo de la historia cultural y así podemos hablar de distintas clases de gramática atendiendo al contenido y métodos gramaticales:

  a)     Según el contenido:

              -Gramática Normativa: Se dedica a dar leyes o normas sobre la corrección lingüística.

              -Gramática Descriptiva: Describe sincrónicamente (en un período cronológico determinado) un estado                                                     de lengua.

              -Gramática Diacrónica: Estudia los cambios que se producen en la lengua a lo largo del tiempo.

              -Gramática Comparada: Busca las relaciones existentes entre las gramáticas de las lenguas                                                     parecidas del mismo origen.

      b) Según el método:

      -Gramática Tradicional: Cuyo estudio se basa más en el significado de las unidades de la lengua y en su interpretación lógica, que en la forma que presentan y en la función que desempeñan estas unidades.  Su objeto de estudio es la lengua escrita, y su método de análisis se basa más en criterios de autoridad que en el uso lingüístico.

    -Gramática Estructural: Es una gramática descriptiva.  Su método de análisis se centra en el estudio de la forma y función de las unidades lingüísticas, con especial ¿atención a la lengua hablada.

    -Gramática Generativa 0 Transformacional: Explica los signos y reglas de combinación, y estudia los procesos que se dan en los hablantes y que les permiten «generar» estructuras oracionales.

    Podríamos incluir, además, otros tipos de gramática; así, por ejemplo, la Gramática de los Errores, como ciencia del buen hablar y escribir; pero una exposición más detallada del tema nos exigiría una extensión mayor que la que se nos pide en este trabajo.

    Omitimos, asimismo, cualquier referencia a las diferentes terminologías que se dan en las distintas corrientes lingüísticas.

    LA LENGUA ESPAÑOLA.  EL NOMBRE  DE NUESTRO IDIOMA

      El español es hoy la lengua oficial y de cultura de más de 300 millones de hablantes.

    Ocupa el quinto lugar entre las grandes lenguas del mundo; sólo la superan en número de hablantes el chino, el inglés, el indostaní y el ruso; y es la lengua de mayor prestigio e importancia, después del inglés, en las relaciones internacionales, y en las actividades políticas, económicas, sociales y culturales del mundo occidental.

    Es, asimismo, el idioma románico (procedente del latín) más difundido en el mundo.

      Es la lengua oficial de más de veinte países y / o repúblicas: España, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile, Argentina, Filipinas y Guinea Ecuatorial.

 Además, se habla en tierras del antiguo Sáhara Español, en el sur y sudeste de los Estados Unidos, en Filipinas y en las comunidades hebreas sefardíes (descendientes de los judíos expulsados de España a finales del siglo xv) de la cuenca del Mediterráneo: Bulgaria, Rumanía, Grecia, Turquía, Yugoslavia, Israel.

 El español que hoy hablamos es la lengua que nace en Castilla en la época medieval, hace más de diez siglos, como resultado de la evolución del latín, hablado en España desde la romanización (218 a.C.), a través de un largo proceso de transformación.  Por ello, nuestra lengua ha tenido, y tiene todavía hoy, dos nombres: castellano (lengua que nace en Castilla) y español (lengua de España, y, posteriormente, de otros muchos países, como ya ha quedado anotado) que han alternado en su denominación a lo largo de su historia.

 Hay que destacar, aunque sea triste, que esta alternancia de términos para hablar de una misma lengua no se da en ninguna otra lengua de extensión mundial.

 Incluso, esta alternancia de los términos castellano-español no ha estado ausente casi nunca de interpretaciones polémicas y de otras muchas valoraciones, en las que se mezclan cuestiones históricas y lingüísticas de difícil y complicada interpretación.

 En la actualidad, la Real Academia prefiere utilizar el término español, que es el nombre que aparece en su Gramática a partir de la edición de 1931, aunque hasta la edición de la Gramática de 1927 mantenía el término castellano.

 También hoy en día, los dramáticos y la mayor parte de los estudiosos e intelectuales prefieren utilizar el término español; y es que nuestra lengua ya no es el castellano de Castilla, sino que, sin dejar de serlo, es una lengua evolucionada: el español, en el que participan restos de lenguas de otras muchas regiones de España y América, como también estas regiones participan de la cultura de España.

      LA CONTROVERSIA.

      En España la gran capacidad de absorción política y cultural de Castilla hace que el término castellano referido a la lengua tenga un sabor imperialista poco grato, y esto ha hecho que el término español se haya visto más favorecido.

 Español es más usado que castellano en España, aunque en las autonomías bilingües actuales sean muchos los que utilizan el término castellano para referirse a una de las cuatro lenguas (el español de España.

 En América, el término castellano no ha chocado con la conciencia regional de los hablantes.  Por eso, hasta la independencia (siglo XIX), ha podido coexistir el término castellano con el de español, que ha sido el término que luego se ha sentido como imperialista; por lo que en la actualidad se prefiere, generalmente, el término castellano, que se siente como exclusivamente lingüístico.

  LA COMUNICACIÓN VERBAL

      Son muchas y diversas las formas posibles de comunicación  humana,   pero la primera y principal forma de comunicación es la comunicación verbal.

      La sociedad actual se ha estructurado, fundamentalmente, en torno a una cultura lingüística, y la palabra ha adquirido el papel central en la mayoría de las relaciones y manifestaciones humanas.

 El hombre, cuando se comunica, transmite intencionadamente una información, y lo hace por medio de un sistema de signos preestablecidos, que son, frecuentemente, las palabras que configuran cada una de las casi tres mil lenguas que se dan en el mundo actual.  Así, son las palabras los instrumentos fundamentales en el acto de comunicación, y constituyen uno de los elementos principales en el proceso comunicativo, junto a los otros elementos de la comunicación, que citamos:

  ELEMENTOS DE LA COMUNICACIÓN:

     Emisor: Es aquel de quien parte la información que se transmite.

     Receptor: Es el destinatario de la información.

     Mensaje: Es lo que se comunica.

     Código: Es el conjunto de signos (palabras en la comunicación verbal) que se utilizan para confeccionar el                     mensaje, y que han de conocer -por eso es código- el emisor y receptor.

     Canal: Es el medio físico a través del que se transmite el mensaje (las ondas acústicas y el oído, el papel                    escrito y la vista...).

    Contexto: Es el elemento de conexión interno o externo que permite que la información transmitida se convierta                     en un, hecho de comunicación.

  La complejidad del acto de comunicación viene motivada, además de por la presencia necesaria de los elementos señalados, por la realización de los procesos o fases que se dan en todo acto comunicativo, y que, en una exposición simplificada, resumimos en:

  a)    La fase sígnica: Consiste en la utilización de los signos (palabras, frecuentemente) por parte del emisor y el receptor.  El emisor debe elegir las Palabras de la lengua que usa como vehículo de comunicación que sean más adecuadas o que mejor se ajusten a la información que quiere transmitir. Es lo que denominamos proceso onomasiológico (codificar: poner nombre a lo tratado).  El receptor, por el contrario, debe interpretar el contenido comunicativo de las palabras que el emisor le ha transmitido. Es lo que conocemos como proceso semasiológico (descodificar: poner significado a lo que le ha sido transmitido).

         b) La fase fisiológica: Corresponde a las realizaciones articulatorias y auditivas que deben realizar el                 emisor y receptor, respectivamente.

        e)  La fase física o de transmisión: Es en la que se hace llegar la información del emisor hasta la percepción           del receptor.

          Por todo ello, y a pesar de la pericia (mayor o menor) que el hombre tiene en la comunicación, no siempre se transmite aquello que queremos comunicar, ni se comunica aquello que queramos trasmitir.

EL SIGNO LINGÜÍSTICO

Signo. es todo aquello que se utiliza en el acto de comunicación en lugar de algo que se quiere transmitir.

  Por tanto, casi todas las cosas, en cuanto formas sensibles del mundo (el vaho en los cristales, la sonrisa de un niño, las nubes, un semáforo, las palabras ... ), son signos, porque pueden aportar significación.

  El signo más utilizado en la comunicación humana, el elemento más esencial, es como decíamos, el signo lingüístico: las palabras.

  Como todo signo, el signo lingüístico es una entidad biplana : Consta de significante (o expresión) y de significado (o contenido).

 El significante del signo lingüístico es la suma de los elementos fónicos que lo forman; por ejemplo, el significante del signo lingüístico mesa sería: (m+e+s+a)

 El significado del signo lingüístico es la idea o el concepto que los hablantes tienen de lo que el signo comunica: la idea de «mesa» .

     Aunque el estudio forman y las relaciones que entre los elementos se establecen, exige un análisis más detallado, y la incorporación de las nuevas aportaciones de la lingüística moderna (triángulo semiótica, etc.), en nuestro trabajo, nos limitamos a anotar solamente, y de forma elemental, las principales características del signo lingüístico:

  a) EL SIGNO LINGÜÍSTICO ES ARBITRARIO

    La relación entre el significante y el significado es inmotivada o arbitraria.  Así, por ejemplo, al concepto «árbol», lo expresamos en español mediante el significante árbol, pero en otras lenguas, para el mismo concepto, aparecen significantes distintos: arbre en francés, tree en inglés, baum en alemán, etc.

    Por ello, los hablantes deben conocer los signos que forman el código de la lengua que utilicen como vehículo de comunicación. Sólo un número reducido de palabras, las onomatopeyas (palabras cuyo sonido recuerda la realidad a la que se refieren): guaguau, sisear, pum, gas... presentan alguna razón de motivación.

    Pero las onomatopeyas son muy escasas en las lenguas, y, además, no son elementos orgánicos del sistema lingüístico propio; por lo que no son objeción suficiente para no mantener la teoría de la arbitrariedad del signo lingüístico.

  b) EL SIGNO LINGÜÍSTICO ES, POR DEFINICIÓN, MONOSÉMICO

      La mayor parte de los signos lingüísticos son monosémicos: para un solo significante tenemos un solo significado: tiza, casa, tierra, agua...

      Pero es frecuente, también, encontrar signos entre los que se establece una relación plural: a un solo significante le corresponden varios significados, o a la inversa, a un solo significado le corresponden varios significantes.

      Este fenómeno lingüístico queda explicado más atrás, al estudiar los conceptos de sinonimia (burro, asno, pollino) y polisemia  (pluma: pluma de ave/de escribir) y/o homonimia (vaca, baca).

  C) EL SIGNO LINGÜÍSTICO PERTENECE A UN SISTEMA DE RELACIONES

Los signos de una lengua se encuentran en interrelación o dependencia.  Sólo adquieren valor en cuanto se relacionan con otros signos de la lengua.  Así, por ejemplo, blanco, adquiere significado junto a los signos, negro, rojo, verde..., a los que se opone,

No existiría en la conciencia de los hablantes el blanco, si no existiera el rojo, el verde... como realidades distintas. De igual modo, no existiría blanco como singular, si no existiese blancos con significado gramatical de plural.

      Las relaciones que se establecen entre los signos de una lengua pueden ser: paradigmáticas y sintagmáticas.

      Relaciones paradigmáticas: Son las relaciones que presenta un signo con los demás signos de la lengua que podrían aparecer en un contexto dado, y que no aparecen, porque se oponen.  Así, en la casa blanca tenia ventanas, el signo casa se opone a los signos palacio, chabola, etc., porque tienen valores significativos diferenciados; de igual forma que se opone a casas por su significado gramatical (singular / plural).

      Cuando las oposiciones son binarias, de dos términos, a uno de ellos se le denomina término no marcado, y al otro, término marcado.

      El término no marcado es el más amplio, el que comprende al término marcado, que está incluido en el otro. Así, por ejemplo, en la oposición masculino / femenino, el término no marcado es el masculino, y el marcado, el femenino; Por ello, en la frase el niño es alegre por naturaleza, están incluidos niños y niñas.

      Relaciones sintagmáticas: Son las relaciones que presenta un signo con los otros signos que aparecen en un contexto determinado.  Así, en la frase la casa blanca tiene ventanas, hay varias relaciones sintagmáticas; por ejemplo, las que se dan entre Casablanca (femenino, singular) y entre casa / tiene (tercera persona, singular).

      d) EL SIGNO LINGÜÍSTICO ES UN SIGNO ARTICULADO

      El signo lingüístico puede dividirse en unidades más pequeñas; es lo que conocemos con el nombre de la doble articulación (llamada, también, la doble articulación del lenguaje humano).

 Para su estudio (y seguimos a A. Martinet, La doble articulación del lenguaje humano) las dividimos en unidades de la primera articulación y en unidades de la segunda articulación:

      Las unidades de la primera articulación: Son las unidades más pequeñas con significado en que puede dividirse un signo:

      cas / a:   cas : lugar donde se habita (significado conceptual).

-a:    femenino / singular (significado gramatical).

 

cas / it / a: cas : lugar donde se habita (significado conceptual).

-it:    noción afectiva (significado apreciativo).

-a:    femenino/singular (significado gramatical).

 Estas unidades de la primera articulación son los monemas, que a su vez, se clasifican en lexemas y morfemas.

Los lexemas: Son los monemas que aportan el significado conceptual: cas- (a), libr- (o).

Los morfemas: Son los monemas que aportan el significado gramatical: (cas) -a, (libr) -o.

      Las unidades de la segunda articulación: Son las unidades más pequeñas sin significado en que puede dividirse un signo: Icl lal Isl lal, /1/ /i/ lbl Irl lol.

      Estas unidades de la segunda articulación son los fonemas, que se estudian en el capítulo de nivel tónico.

      Esta característica del signo lingüístico, la doble articulación, hace que la comunicación verbal sea la forma más productiva y más fácil (sólo con un número reducido de unidades combinadas (veinticuatro fonemas) se puede transmitir cualquier tipo de mensaje) de comunicación humana.

LENGUA COMÚN Y VARIEDADES LINGÜÍSTICAS

    La lengua, como vehículo de comunicación, es usada por un gran número de hablantes, que forman un grupo muy heterogéneo, con variedades culturales y sociales muy diferenciadas.  Además, el acto de comunicación se realiza en situaciones muy diversas, y con intencionalidad comunicativo diferenciada.  Por ello, la lengua (así, la lengua española) presenta múltiples variedades en las realizaciones que materializan los hablantes.

    Con todo, los hispanohablantes se comunican mediante el mismo código lingüístico, ya que, aunque presenta diferencias, son más numerosos los rasgos comunes que lo configuran, y que, además, constituyen lo que conocemos como español general o lengua común, cuyo modelo coincide, generalmente, con la lengua escrita, con la lengua literaria, de cuyo cuidado y gobierno se encargan las Academias de la Lengua, junto a la colaboración directa que ejerce el conjunto de escritores.

    Esta lengua común coincide, asimismo, con la lengua culta, modelo ideal de lengua al que deben llegar los hablantes, ya que la lengua, además de vehículo de comunicación, es también un rasgo de cultura.

    Con ello no queremos decir que debe utilizarse un solo uso idiomático; eso sería inmovilismo, y, sin embargo, con las variedades se enriquecen las lenguas, aunque en su vasta variedad, el uso cuidado que hacen las gentes cultas y universitarias actúe siempre como modelo de prestigio social y de cultura.

      Para su estudio, agrupamos las principales variedades lingüísticas en cuatro apartados:

    a)     Variedades sociales o diastráticas.

    b)     Variedades geográficas o diatópicas.

    c)     Variedades históricas o diacrónicas.

    d)     Variedades de situación o diafásicas.

      a) Variedades sociales o diastráticas.

      Se refieren a las diferencias de expresión observadas en los individuos pertenecientes a las distintas clases sociales.  El dominio del idioma es distinto en los individuos según el nivel de educación selecto o primario que hayan recibido.  Así, podemos, distinguir tres niveles de uso, atendiendo a las diferencias culturales de los hablantes:

    Nivel culto.

    Nivel familiar o coloquial.

    Nivel vulgar.

  - Nivel culto:

    Los hablantes que han recibido una educación superior, utilizan una forma de expresión elaborada y elegante.  Seleccionan y combinan los signos lingüísticos con esmero, y se expresan con la corrección sintáctica y propiedad léxica acordes a la norma culta.  Buscan la originalidad y huyen de las frases estereotipadas.

  - Nivel familiar o coloquial:

      Cualquier hablante, con independencia del nivel cultural que posea, tiene como modo de expresión habitual un uso relajado cuando habla con familiares y amigos.

    Son    rasgos propios de la lengua familiar:

    -    El uso frecuente de interrogaciones y exclamaciones.

    -    El uso de un vocabulario restringido, de palabras comodines (cosa, tema, dicho, hecho ... ) y de verbos plurisignificativos (hacer, tener ... ).

    -    El uso de frases hechas y frases proverbiales, y el empleo de un lenguaje figurado y de usos metafóricos.

      -  Nivel vulgar:

    Los hablantes que no han recibido una educación suficiente utilizan un código restringido y deficiente, y, como están poco familiarizados con el lenguaje escrito, cometen abundantes incorrecciones, que denominamos vulgarismos.

      Entre las incorrecciones más frecuentes destacamos:

      a)     Incorrecciones fónicas:

    -Ceceo: [cázal (por casa);

    -Metátesis o cambios de posición de los fonemas: Grabriel, dentrifico... (por Gabriel, dentifico);

    -Cambios de acento: [máestro], [sútil] (por maestro, sutil).  Cambios de fonemas: agüelo, azaite, midicina... (por abuelo, aceite, medicina).

      b)     Incorrecciones morfológicas:

      - Usos incorrectos del género: la alambre, la enjambre, las alfileres... (por el alambre, el enjambre, los alfileres);

    -Usos incorrectos de formas pronominales: sientensen (por siéntense)...

    -Distorsiones de las formas verbales: andé, haiga, bendiciera, satisfacerá... (por anduve, haya, bendijera, satisfará)

      c)   Incorrecciones sintácticas:

    -Concordancias incorrectas: no habian más sillas (por no había más sillas)...

    -Usos sintácticos incorrectos: laísmo (a mi hija la di un beso), loismo (lo di cebada al burrito)...

      d)   Incorrecciones léxico-semánticas:

    - Usos inapropiados de las preposiciones: pensado de que... (por pensando que ... ) (dequeísmo); ir en casa de... (por ir a casa de ... ); contra más lo digo... (por cuanto más lo digo)...

    -Empleo de palabras con significado impropio: coger (por caber)...

      Empleo de palabras malsonantes, que, aunque no sean incorrectas, las consideramos vulgarismos léxicos.

      b)    Variedades geográficas o diatópicas

      El español se habla en regiones muy extensas y, asimismo, distanciadas; por ello, nuestra lengua presenta múltiples variedades diatópicas, geográficas o dialectales.

      C)     Variedades históricas o diacrónicas

    Son las variedades que presenta la lengua a lo largo de su historia.  En los capítulos que siguen, los estudiosos encontrarán algunas referencias puntuales que recogen fenómenos lingüísticos que se daban en el pasado.  Así, el origen del voseo, el uso de la forma el  / un del artículo con nombres femeninos, etc.

Con todo, se podrá observar que en nuestro trabajo no nos proponemos analizar la evolución de nuestra lengua, cuyo estudio corresponde a la Gramática Histórica o Diacrónica.

      d)  Variedades de situación o diafásicas

      Son las variedades que presenta la lengua según la selección de modalidad de expresión que se escoja, en función de la situación comunicativa, de la intencionalidad del emisor o de la naturaleza del receptor.

 Así, una mujer habla de sexualidad de forma distinta según que el interlocutor sea, por ejemplo, su hija o una amiga.

 También, es distinta, por ejemplo, la forma de expresión utilizada en un tema de comunicación tópico (el tiempo, la política ... ) que en un tema específico o trascendente (el terrorismo, la vida de ultratumba ... ). Además, los distintos grupos sociales presentan hábitos lingüísticos diferenciados según modos, conductas y usos sociales, y según los trabajos o profesiones que desempeñan; usando, incluso, lenguas especiales, que constituyen subcódigos diferenciados, con formas léxicas propias, que denominamos lenguas profesionales o jergas.

  CORRECCIÓN, INCORRECCIÓN Y  PROPIEDAD LINGÜÍSTICA

     Todo el que habla una lengua posee de ella un conocimiento práctico: la conoce de oírla y de usarla como vehículo de comunicación.  Con todo, ese conocimiento práctico de la lengua que tienen los hablantes no siempre se corresponde con el conocimiento teórico de la propia lengua.

    La mayor parte de los hablantes utilizamos unos pocos centenares de construcciones en nuestras comunicaciones, y entendemos otros pocos miles de palabras y construcciones.  Por ello, en el uso se observan diferencias y variantes de expresión que reflejan, generalmente, el mayor o menor dominio de la lengua que poseen los interlocutores.

Así, en un mismo hecho de comunicación pueden aparecer expresiones como: Juan andó ayer mucho / Juan anduvo mucho ayer / Juan ha andado mucho ayer / Juan caminó mucho ayer / Juan pateó mucho ayer...

  Cada uno de los hablantes que utiliza estas expresiones expresiones las considera «correctas», porque le sirven como instrumento de comunicación, y porque las entienden los interlocutores a quienes van.  Pero los gramáticos y estudiosos, cuando analizan estas formas de expresión, las consideran correctas, incorrectas o impropias.

    La lengua, como sistema, es correcta por naturaleza; la corrección / incorrección está en el uso que de ella hacen los hablantes, y que puede «acomodarse» o no al modelo de corrección lingüística que imponen los hablantes cultos y los dramáticos.  Así, *haiga,*condució, *me se cayo, *habían muchas personas, *andó, *melicina..., se consideran expresiones inadmisibles, no por los que las usan, sino por los otros hablantes, en nombre, de una norma externa, la de la gente culta, que, además de utilizar la lengua como vehículo de expresión, la consideran producto y expresión de una cultura manifestada de forma correcta o incorrecta.

Por todo ello, creemos que los conceptos de corrección / incorrección hemos de medirlos y valorarlos de forma flexible, al margen de los criterios rigurosos de los dramáticos academicistas, que, de forma casi absoluta, califican como correctas o incorrectas las expresiones lingüísticas.

Entendemos por corrección la adecuación externa de la expresión lingüística a las formas admitidas socialmente como las mejores; y por incorrección, la mala adecuación externa de las formas de expresión.

Así, si decimos haiga por haya, andó por anduvo, trempano por temprano, etc., expresamos, quizá, el pensamiento con propiedad, pero la forma es incorrecta.

Con todo, los criterios de corrección / incorrección responden muchas veces más a criterios culturales, políticos y sociales, que a criterios estrictamente lingüísticos.

Así, tan correcto sería lingüísticamente se me cayó  como me se cayó, aunque la sociedad no admita la segunda forma por no reflejar un comportamiento de conducta social propio.

Además, los conceptos de corrección / incorrección han cambiado a lo largo de la historia de la lengua; lo que hoy es incorrecto (por ejemplo, el ai-ena) antes (siglo XVII) podía ser correcto.

Incluso hoy, la movilidad de la lengua hace que los conceptos de corrección / incorrección no sean fijos.  Así, se prefieren, por ejemplo, expresiones como los Machado, los Quintero, etc., a las formas que respetan la concordancia: los machados y los quinteros, y, que son mas propias.

Asimismo, es frecuente encontrar expresiones lingüísticas que son aceptadas como correctas en España, y, sin emabrgo, son rechazadas en Hispanoamérica; por ejemplo, en España son cultas las acentuaciones: [cardiáco], [amoniáco], [periódo]..., pero no lo son en Hispanoamérica.

Todo ello ocurre porque la lengua es un sistema multiforme, y porque el dominio cultural de los hablantes, y el conocimiento que tienen de la lengua, es muy diverso.

    Aun así, creemos que la corrección lingüística es necesaria, y que los hablantes deben ajustarse en sus expresiones al modelo de corrección que se establece en la comunidad lingüística de la que forman parte, y en la que el dominio de la expresión se considera motivo de prestigio y de cultura.

Por otra parte, hablar bien no consiste sólo en utilizar una forma de expresión correcta; los hablantes deben hablar, además, con propiedad.

Entendemos por propiedad lingüística la adecuación interna de la frase al pensamiento que se ha querido expresar. Así, es impropio decir le pegó a Juan sendas bofetadas (por grandes bofetadas); los alumnos no cogen aquí (por no caben aquí), etc.

Es, asimismo, necesario que los hablantes se expresen y escriban con desenvoltura, esto es, con posibilidad de elegir las formas lingüísticas apropiadas en cada hecho de comunicación.

No habla mejor el que siempre utiliza una forma de expresión culta, sino el que sabe elegir la forma adecuada según el tipo de comunicación que realiza.  Así, por ejemplo, nos parece improcedente que un familiar se dirija a sus interlocutores y les exprese que el infante está inapetente (por el niño no tiene apetito), cuando tiene la posibilidad de utilizar otras muchas formas más coloquiales y propias.

  LOS NIVELES LINGÜÍSTICOS

    La lengua es un conjunto de signos que forman un sistema en  que se dan una serie de reglas que relacionan todos y cada uno de los elementos del conjunto.

Las relaciones que presentan las unidades lingüísticas son múltiples y diversas; y por ello, en los estudios gramaticales se analizan las unidades de la lengua por niveles.

  Los niveles de estudio lingüistico son:

  -Nivel fónico: Se estudian las unidades de expresión.

  -Nivel morfológico: Se estudia la forma de las palabras y su significado gramatical.

  -Nivel sintáctico: Se estudian las relaciones que se establecen entre las distintas unidades que forman el enunciado oracional.

  -Nivel semántica: Se estudia el significado de las unidades lingüísticas.

  -Nivel léxico: Se estudia el origen y formación de las palabras.

Las unidades de la lengua que se integran en cada uno de los niveles de estudio no constituyen apartados lingüísticos autónomos e independientes, sino que las unidades de un nivel lingüístico presentan distintos tipos de relación e interdependencia con las unidades de los otros niveles.  A veces, ni siquiera es fácil delimitar las unidades que se agrupan en cada uno de los niveles lingüísticos arriba anotados.

En la introducción que aparece en cada uno de los capitulos que siguen, se encontrará un estudio más amplio de las unidades que se agrupan en cada uno de los niveles; asimismo, podrá observarse que el grueso de estos apuntes está dedicado al estudio de las unidades del nivel morfológico y sintáctico.

    Si tienes alguna sugerencia para ampliar o mejorar el tema, por favor envíame un  y con gusto tomaré tus comentarios.

 

Haz clic aquí para regresar a la página anterior      

1