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APUNTES DE GRAMÁTICA ESPAÑOLA |
INTRODUCCIÓN
AL ESTUDIO GRAMATICAL
La
primera pregunta a la que nos teníamos que enfrentar es:
¿Qué es
la gramática?.
Es la rama de la
lingüística que tiene por objeto el estudio de la forma y composición de las
palabras (morfología), así como de su interrelación dentro de la oración o de la
frase (sintaxis). El estudio de la gramática muestra el funcionamiento de las
palabras en una lengua.
Distintos tipos de gramática
La primera vez que
casi todo el mundo establece contacto con la gramática es en la escuela cuando
estudia su propia lengua o al aprender otra, como segunda lengua. Se
denomina normativa porque dice cuál es el funcionamiento de las diversas partes
de la oración según la norma de cada idioma. Dictamina qué palabras son
compatibles entre sí y qué oraciones están bien formadas, de manera que
cualquier hablante a través de las reglas gramaticales perciba si emplea bien o
mal esa lengua.
Es una forma de
enfrentarse a la formación de las palabras, oraciones y frases de un determinado
idioma. Ahora bien, existen otras formas de gramática que se interesan por los
cambios: cuando se estudian los que ha habido en la formación de las palabras y
de las oraciones a lo largo de la historia —por ejemplo, cómo era una
determinada palabra o una construcción en el español antiguo o el del siglo de
oro — se aborda el estudio de la gramática histórica. Otros enfoques plantean
cuáles son las semejanzas y diferencias que existen entre varias lenguas y se
realiza desde una perspectiva de la gramática comparada, que establece las
relaciones que hay entre las lenguas al comparar su fonética y las equivalencias
en el significado de las palabras; así al buscar formas análogas en las lenguas
próximas las gramáticas pueden descubrir qué forma influye de una lengua en
otra. Otra posibilidad es investigar cómo se emplean las palabras y qué tipos de
oraciones son las adecuadas según sea el contexto social en que se empleen; ése
es el objeto de la gramática funcional.
Desde otra perspectiva
se describe cómo están organizadas las unidades mínimas con significado que
forman las palabras (morfemas) y las que forman las oraciones (constituyentes).
A tal enfoque se le denomina gramática descriptiva. Su estudio contiene las
formas del idioma actual registradas por los hablantes nativos de una
determinada lengua y representada por medio de símbolos escritos. La gramática
descriptiva indica qué lenguas —e incluso aquéllas que nunca se han escrito ni
registrado por ningún otro procedimiento— tienen una estructura parecida.
Todos estos enfoques
de la gramática (normativa, histórica, comparativa, funcional y descriptiva)
estudian la morfología y la sintaxis; sólo tratan los aspectos que poseen una
estructura. Por lo que constituyen una parte de la lingüística que se distingue
de la fonología (estudio de los fonemas) y de la semántica (estudio del
significado). Así entendida es la parte organizativa de la lengua.
Se llama gramática
generativa transformacional a la fundada por el investigador estadounidense Noam
Chomsky. Se trata de un enfoque muy diferente, casi toda una teoría del
lenguaje. Los generativistas entienden por lenguaje "el conocimiento que poseen
los seres humanos que les permite adquirir cualquier lengua". Es una especie de
gramática universal, un estudio analítico de los principios que subyacen en
todas las gramáticas humanas.
Historia de la gramática
Quienes iniciaron el
estudio de la gramática fueron los griegos que lo hicieron desde una perspectiva
filosófica y describieron la estructura de la lengua. Esta tradición pasó a los
romanos que tradujeron los términos gramaticales, tanto de las partes de la
oración como de los accidentes gramaticales; muchas denominaciones han llegado a
nuestros días (como por ejemplo nominativo, singular, neutro). Pero ni
los griegos ni los romanos supieron cómo estaban relacionadas las diversas
lenguas. El problema se planteó con la gramática comparativa, que fue el enfoque
dominante en la lingüística del siglo XIX.
Al parecer, las
primeras investigaciones gramaticales del mundo moderno han ido emparejadas con
el afán por descifrar las inscripciones y textos antiguos. De ahí que la
gramática estuviera ligada a las sociedades que poseían una extensa tradición de
textos escritos. La primera gramática que se conoce es la Panini para el
sánscrito, una lengua de la India. En ella se mostraba cómo se formaban las
palabras y qué parte de las mismas era la que llevaba el significado. Los
trabajos de Panini y de otros estudiosos indios sirvieron para interpretar los
libros sagrados de los hindúes que se escribieron en sánscrito. Otro pueblo que
prestó gran atención a su lengua fueron los árabes, que en la edad media
introdujeron en Occidente todo el saber de los filósofos griegos, olvidados
hasta que ellos llegaron. Realizaron la traducción de las obras de la antigüedad
a su lengua, y en función de su expansión geográfica estuvieron en contacto con
otros idiomas desde la cuenca mediterránea hasta Persia en el extremo oriental.
Gracias a la convivencia que tuvo lugar en la península Ibérica de las culturas
árabe, hebrea y cristiana se desarrolla en Toledo la Escuela de Traductores,
donde se copian y traducen importantes obras que así llegaron al conocimiento de
Occidente. A lo largo del siglo X, los judíos completaron el inventario léxico
del hebreo, conocido como el lexicón, término de origen griego, y
asimismo llevaron a cabo lo que hoy se denominaría primer estudio filológico del
Antiguo Testamento.
Al gramático griego Dionisio de Tracia se le
debe el esfuerzo de elaborar su Arte de la Gramática, primera gramática
de su lengua en términos modernos, difundida por los árabes y que ha servido de
base a las gramáticas del griego, del latín y de otras lenguas europeas hasta
bien entrado el renacimiento. Durante toda la edad media quienes en Europa se
dedicaron al estudio conocían, además de sus propias lenguas y el latín, las de
los pueblos vecinos con quienes estaban en contacto. Aprovechando esta
circunstancia se plantearon de qué forma podía hacerse la comparación entre las
lenguas. Con la llegada del renacimiento y su admiración por el mundo clásico se
cae en la trampa de pensar que el ideal en los estudios gramaticales consiste en
describir cualquier lengua conforme a la estructura que poseían el latín y el
griego.
Durante los siglos XVI
y XVII, lo que se intentó fue determinar qué lengua era la más antigua, dado el
conocimiento que de ellas se había adquirido durante la edad media y el
renacimiento. Como tuvieron en cuenta su tradición cristiana y por tanto la
Biblia, en muchos casos se llegó a la conclusión de que se trataba del hebreo.
También se eligieron otras lenguas por circunstancias ajenas a lo lingüístico:
ése fue el caso del holandés en el entorno centroeuropeo y muy relacionado con
la reforma protestante y la expansión comercial. Durante el siglo XVIII se
inician las comparaciones entre las lenguas que culminan con la afirmación de
que existe una única lengua, origen de cuantas se hablaban en Europa, Asia y
Egipto —la que se llamará más tarde indoeuropeo— hecho que afirmó el filósofo
alemán Gottfried Wilhelm Leibniz.
En el siglo XIX los
estudiosos desarrollaron un análisis sistemático sobre determinados aspectos de
las lenguas, realizados con el modelo que supuso el sánscrito. La guía para
elaborar las gramáticas de muchos idiomas europeos, el egipcio y algunos
asiáticos, fue la gramática de Panini. A estos estudios ya situados en la
comparación de las lenguas relacionadas utilizando la obra de Panini como guía,
se les denomina gramática indoeuropea, que es un método para comparar y
relacionar las formas de la oración que poseen muchas lenguas.
No obstante, el
enfoque renacentista que consiste en describir las lenguas bajo el modelo
grecolatino, tardó en desaparecer. No se inició la descripción gramatical de las
lenguas dentro de sus propios modelos hasta principios del siglo XX. Bajo esta
nueva perspectiva hay que colocar el Manual de las lenguas indígenas
americanas (1911) obra del antropólogo Franz Boas y sus colaboradores, así
como los trabajos del danés Otto Jespersen, dentro ya de la escuela
estructuralista y descriptiva, que publicó Filosofía de la Gramática
(1924). La obra de Boas ha sido la base en la que se han inspirado muchas
gramáticas descriptivas estadounidenses. La de Jespersen ha sido la precursora
de otros enfoques de la teoría lingüística, como por ejemplo la gramática
generativa transformacional.
Boas desafío la
metodología tradicional de la gramática al estudiar otras lenguas no
indoeuropeas y que no tenían testimonios escritos, como las lenguas indias de
Estados Unidos). Creía que la capacidad humana que es el lenguaje, se organiza
en la gramática de cada lengua concreta. Toda gramática descriptiva debería
describir las relaciones que se establecen entre las palabras y las oraciones de
una lengua, a partir del inventario del que disponen las personas en el
lenguaje. Gracias al esfuerzo innovador del trabajo de Boas, la lingüística
descriptiva se convirtió en la gramática dominante en Estados Unidos durante la
primera mitad del siglo XX.
Jespersen, lo mismo
que Boas, pensaba que las lenguas había que estudiarlas a partir de las
manifestaciones orales de sus hablantes y no de los documentos escritos, porque
como ha demostrado Bühler en su Filosofía del lenguaje, la lengua hablada
y la escrita representan distintos niveles del lenguaje. Buscaba Jespersen los
elementos comunes a todas las lenguas y los clasificó en su teoría de los tres
rangos, para encontrar la estructura en la que se organizan, tanto en su forma
presente (el conocido por estudio sincrónico) como en su forma a través de la
historia (conocido por estudio diacrónico). El análisis descriptivo,
representado en estos dos autores, desarrolla unos métodos precisos y
científicos, además consigue describir las unidades formales mínimas de
cualquier lengua. Como aísla esas unidades y encuentra la estructura que las
relaciona, se conoce por gramática estructuralista. Fue concebida en primer
lugar por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure, que distinguió entre la
estructura general que poseen todos los idiomas, y que él denominó lengua
con el término francés langue, y las realizaciones concretas de esa
estructura que hacen todas las personas cuando hablan, a lo que denominó
habla, parole en términos de Saussure. La lengua es el sistema que
sostiene cualquier idioma concreto, esto es lo que hablan y entienden los
miembros de cualquier comunidad lingüística porque participan de la gramática de
ese idioma. El habla es la realización concreta de la lengua, pero en sí misma
no es lo que describe la gramática. La gramática estructural concibe cada lengua
particular, ya sea el chino, el francés, el español, el swahili o el árabe, como
un sistema que tiene varios niveles, cada uno con sus elementos propios
—fonemas, morfemas, sintagmas y semantemas, esto es, los elementos mínimos de la
fonética, la morfología, la sintaxis y la semántica— y que se interrelacionan en
esa gran estructura. Así pues describe y estudia las relaciones que existen en
todos los niveles del habla en cada lengua concreta. Y ello esté o no escrito,
hablado o grabado en una cinta magnetofónica.
A mitad del siglo XX, Chomsky, que había recibido una formación estructuralista en la escuela de Bloomfield, buscaba la forma de analizar la sintaxis del inglés dentro de los principios estructurales. Su esfuerzo le condujo a concebir la gramática como la teoría de la estructura y no como la descripción de unas oraciones concretas. La entiende como un mecanismo que produce una determinada estructura, que no es sólo de una lengua determinada, sino que pertenece a la competencia, es decir la capacidad que tienen las personas para emitir y entender las oraciones que forman parte de su lengua o de cualquier otra. Su teoría de carácter universal, está relacionada con las de los estudiosos de los siglos XVIII y XIX, quienes estaban buscando la raíz lógica de la gramática, para que fuera la clave que analizara el pensamiento. A esa escuela perteneció el filósofo británico John Stuart Mill, que ya en 1867 creía que las reglas gramaticales de una lengua eran la forma que correspondía al modo en que estaba organizado el pensamiento humano universal.
LA GRAMÁTICA
-Gramática
Estructural: Es una gramática descriptiva. Su método de análisis se centra en el
estudio de la forma y función de las unidades lingüísticas, con especial
¿atención a la lengua hablada.
-Gramática
Generativa 0 Transformacional: Explica los signos y reglas de
combinación, y estudia los procesos que se dan en los hablantes y que les
permiten «generar» estructuras oracionales.
Omitimos,
asimismo, cualquier referencia a las diferentes terminologías que se dan en las
distintas corrientes lingüísticas.
LA LENGUA ESPAÑOLA. EL
NOMBRE DE NUESTRO I
Ocupa
el quinto lugar entre las grandes lenguas del mundo; sólo la superan en número
de hablantes el chino, el inglés, el indostaní y el ruso; y es la lengua de
mayor prestigio e importancia, después del inglés, en las relaciones
internacionales, y en las actividades políticas, económicas, sociales y
culturales del mundo occidental.
Es, asimismo, el idioma románico (procedente del latín) más difundido en el
mundo.
Además,
se habla en tierras del antiguo Sáhara Español, en el sur y sudeste de los
Estados Unidos, en Filipinas y en las comunidades hebreas sefardíes
(descendientes de los judíos expulsados de España a finales del siglo xv) de la
cuenca del Mediterráneo: Bulgaria, Rumanía, Grecia, Turquía, Yugoslavia,
Israel.
El
español que hoy hablamos es la lengua que nace en Castilla en la época medieval,
hace más de diez siglos, como resultado de la evolución del latín, hablado en
España desde la romanización (218 a.C.), a través de un largo proceso de
transformación. Por ello, nuestra
lengua ha tenido, y tiene todavía hoy, dos nombres: castellano (lengua que nace en Castilla)
y español (lengua de España, y,
posteriormente, de otros muchos países, como ya ha quedado anotado) que han
alternado en su denominación a lo largo de su historia.
Hay
que destacar, aunque sea triste, que esta alternancia de términos para hablar de
una misma lengua no se da en ninguna otra lengua de extensión mundial.
Incluso,
esta alternancia de los términos castellano-español no ha estado ausente
casi nunca de interpretaciones polémicas y de otras muchas valoraciones, en las
que se mezclan cuestiones históricas y lingüísticas de difícil y complicada
interpretación.
En
la actualidad, la Real Academia prefiere utilizar el término español, que es el nombre que aparece en
su Gramática a partir de la edición
de 1931, aunque hasta la edición de la Gramática de 1927 mantenía el término castellano.
También
hoy en día, los dramáticos y la mayor parte de los estudiosos e intelectuales
prefieren utilizar el término español;
y es que nuestra lengua ya no es el castellano de Castilla, sino que, sin
dejar de serlo, es una lengua evolucionada: el español, en el que participan restos
de lenguas de otras muchas regiones de España y América, como también estas
regiones participan de la cultura de España.
Español
es
más usado que castellano en España,
aunque en las autonomías bilingües actuales sean muchos los que utilizan el
término castellano para referirse a
una de las cuatro lenguas (el español
de España.
En
América, el término castellano no ha
chocado con la conciencia regional de los hablantes. Por eso, hasta la independencia (siglo
XIX), ha podido coexistir el término
castellano con el de español, que
ha sido el término que luego se ha sentido como imperialista; por lo que en la
actualidad se prefiere, generalmente, el término castellano, que se siente como
exclusivamente lingüístico.
El
hombre, cuando se comunica, transmite intencionadamente una información, y lo
hace por medio de un sistema de signos preestablecidos, que son, frecuentemente,
las palabras que configuran cada una de las casi tres mil lenguas que se dan en
el mundo actual. Así, son las
palabras los instrumentos fundamentales en el acto de comunicación, y
constituyen uno de los elementos principales en el proceso comunicativo, junto a
los otros elementos de la comunicación, que citamos:
Contexto:
Es
el elemento de conexión interno o externo que permite que la información
transmitida se
convierta
en un, hecho de comunicación.
EL
SIGNO LINGÜÍSTICO
Signo.
es todo
aquello que se utiliza en el acto de comunicación en lugar de algo que se quiere
transmitir.
El
significado del
signo lingüístico es la idea o el concepto que los hablantes tienen de lo que el
signo comunica: la idea de «mesa» .
Aunque el estudio forman y las relaciones que entre los elementos se establecen,
exige un análisis más detallado, y la incorporación de las nuevas aportaciones
de la lingüística moderna (triángulo semiótica, etc.), en nuestro trabajo, nos
limitamos a anotar solamente, y de forma elemental, las principales
características del signo lingüístico:
La
relación entre el significante y el significado es inmotivada o arbitraria. Así, por ejemplo, al concepto «árbol», lo expresamos en español
mediante el significante árbol, pero
en otras lenguas, para el mismo concepto, aparecen significantes distintos: arbre en francés, tree en inglés, baum en alemán, etc.
Por
ello, los hablantes deben conocer los signos que forman el código de la lengua que
utilicen como vehículo de comunicación. Sólo un número reducido de palabras, las
onomatopeyas (palabras cuyo sonido
recuerda la realidad a la que se refieren): guaguau, sisear, pum, gas... presentan alguna razón de
motivación.
Pero
las onomatopeyas son muy escasas en las lenguas, y, además, no son elementos
orgánicos del sistema lingüístico propio; por lo que no son objeción suficiente
para no mantener la teoría de la arbitrariedad del signo lingüístico.
Los
signos de una lengua se encuentran en interrelación o dependencia. Sólo adquieren valor en cuanto se
relacionan con otros signos de la lengua.
Así, por ejemplo, blanco,
adquiere significado junto a los signos, negro, rojo, verde..., a los que se
opone,
No
existiría en la conciencia de los hablantes el blanco, si no existiera el rojo,
el verde... como realidades distintas. De igual modo, no existiría blanco como singular, si no existiese blancos con significado gramatical de
plural.
Para
su estudio (y seguimos a A. Martinet, La doble articulación del lenguaje humano) las dividimos en
unidades de la primera articulación y
en unidades de la segunda
articulación:
-a: femenino
/ singular (significado gramatical).
cas
/ it / a: cas :
lugar donde se habita (significado conceptual).
-it: noción
afectiva (significado apreciativo).
-a: femenino/singular
(significado gramatical).
Estas
unidades de la primera articulación son los monemas, que a su vez, se clasifican en lexemas y morfemas.
Los
lexemas:
Son
los monemas que aportan el significado conceptual: cas- (a), libr- (o).
Los
morfemas:
Son
los monemas que aportan el significado gramatical: (cas) -a, (libr) -o.
LENGUA COMÚN Y
VARIEDADES LINGÜÍSTICAS
La
lengua, como vehículo de comunicación, es usada por un gran número de hablantes,
que forman un grupo muy heterogéneo, con variedades culturales y sociales muy
diferenciadas. Además, el acto de
comunicación se realiza en situaciones muy diversas, y con intencionalidad
comunicativo diferenciada. Por
ello, la lengua (así, la lengua española) presenta múltiples variedades en las
realizaciones que materializan los hablantes.
Con
todo, los hispanohablantes se comunican mediante el mismo código lingüístico, ya
que, aunque presenta diferencias, son más numerosos los rasgos comunes que lo
configuran, y que, además, constituyen lo que conocemos como español general o lengua común, cuyo
modelo coincide, generalmente, con la lengua escrita, con la lengua literaria,
de cuyo cuidado y gobierno se encargan las Academias de la Lengua, junto a la
colaboración directa que ejerce el conjunto de escritores.
Esta
lengua común coincide, asimismo, con
la lengua culta, modelo ideal de lengua al que deben llegar los hablantes, ya
que la lengua, además de vehículo de comunicación, es también un rasgo de
cultura.
Con
ello no queremos decir que debe utilizarse un solo uso idiomático; eso sería
inmovilismo, y, sin embargo, con las variedades se enriquecen las lenguas,
aunque en su vasta variedad, el uso cuidado que hacen las gentes cultas y
universitarias actúe siempre como modelo de prestigio social y de cultura.
b) Variedades
geográficas o diatópicas.
c) Variedades históricas o
diacrónicas.
d) Variedades de situación
o diafásicas.
Nivel familiar o coloquial.
Nivel
vulgar.
Los
hablantes que han recibido una educación superior, utilizan una forma de
expresión elaborada y elegante.
Seleccionan y combinan los signos lingüísticos con esmero, y se expresan
con la corrección sintáctica y propiedad léxica acordes a la norma culta. Buscan la originalidad y huyen de las
frases estereotipadas.
Son rasgos propios de la lengua
familiar:
- El uso de un vocabulario
restringido, de palabras comodines (cosa,
tema, dicho, hecho ... ) y de verbos plurisignificativos (hacer, tener ... ).
- El uso de frases
hechas y frases proverbiales, y el empleo de un lenguaje figurado y de usos
metafóricos.
Los
hablantes que no han recibido una educación suficiente utilizan un código
restringido y deficiente, y, como están poco familiarizados con el lenguaje
escrito, cometen abundantes incorrecciones, que denominamos vulgarismos.
-Metátesis
o cambios de posición de los fonemas: Grabriel, dentrifico... (por Gabriel, dentifico);
-Cambios
de acento: [máestro], [sútil] (por
maestro, sutil). Cambios de
fonemas: agüelo, azaite, midicina...
(por abuelo, aceite, medicina).
-Usos
incorrectos de formas pronominales: sientensen (por siéntense)...
-Distorsiones de las formas verbales: andé, haiga, bendiciera, satisfacerá...
(por anduve, haya, bendijera, satisfará)
-Usos
sintácticos incorrectos: laísmo (a mi
hija la di un beso), loismo (lo di
cebada al burrito)...
- Usos inapropiados de las preposiciones: pensado de que... (por pensando que ... ) (dequeísmo); ir en casa de... (por ir a casa de ... ); contra más lo digo... (por cuanto más lo digo)...
-Empleo de palabras con significado impropio: coger (por caber)...
Son las variedades que presenta la lengua a lo largo de su historia. En los capítulos que siguen, los
estudiosos encontrarán algunas referencias puntuales que recogen fenómenos
lingüísticos que se daban en el pasado.
Así, el origen del voseo, el
uso de la forma el / un del artículo con nombres
femeninos, etc.
Con
todo, se podrá observar que en nuestro trabajo no nos proponemos analizar la
evolución de nuestra lengua, cuyo estudio corresponde a la Gramática Histórica o
Diacrónica.
Así,
una mujer habla de sexualidad de forma distinta según que el interlocutor sea,
por ejemplo, su hija o una amiga.
También,
es distinta, por ejemplo, la forma de expresión utilizada en un tema de
comunicación tópico (el tiempo, la política ... ) que en un tema específico o
trascendente (el terrorismo, la vida de ultratumba ... ). Además, los distintos
grupos sociales presentan hábitos lingüísticos diferenciados según modos,
conductas y usos sociales, y según los trabajos o profesiones que desempeñan;
usando, incluso, lenguas especiales, que constituyen subcódigos diferenciados,
con formas léxicas propias, que denominamos lenguas profesionales o jergas.
La
mayor parte de los hablantes utilizamos unos pocos centenares de construcciones
en nuestras comunicaciones, y entendemos otros pocos miles de palabras y
construcciones. Por ello, en el uso
se observan diferencias y variantes de expresión que reflejan, generalmente, el
mayor o menor dominio de la lengua que poseen los interlocutores.
Así,
en un mismo hecho de comunicación pueden aparecer expresiones como: Juan andó ayer mucho / Juan anduvo mucho ayer / Juan ha andado mucho ayer / Juan
caminó mucho ayer / Juan pateó mucho
ayer...
La
lengua, como sistema, es correcta por naturaleza; la corrección / incorrección
está en el uso que de ella hacen los hablantes, y que puede «acomodarse» o no al
modelo de corrección lingüística que imponen los hablantes cultos y los
dramáticos. Así, *haiga,*condució, *me se cayo, *habían
muchas personas, *andó, *melicina..., se consideran expresiones
inadmisibles, no por los que las usan, sino por los otros hablantes, en nombre,
de una norma externa, la de la gente culta, que, además de utilizar la lengua
como vehículo de expresión, la consideran producto y expresión de una cultura
manifestada de forma correcta o incorrecta.
Por
todo ello, creemos que los conceptos de corrección / incorrección hemos de
medirlos y valorarlos de forma flexible, al margen de los criterios rigurosos de
los dramáticos academicistas, que, de forma casi absoluta, califican como
correctas o incorrectas las expresiones lingüísticas.
Entendemos
por corrección la adecuación externa
de la expresión lingüística a las formas admitidas socialmente como las mejores;
y por incorrección, la mala
adecuación externa de las formas de expresión.
Así,
si decimos haiga por haya, andó por
anduvo, trempano por temprano,
etc., expresamos, quizá, el pensamiento con propiedad, pero la forma es
incorrecta.
Con
todo, los criterios de corrección / incorrección responden muchas veces más a
criterios culturales, políticos y sociales, que a criterios estrictamente
lingüísticos.
Así,
tan correcto sería lingüísticamente se me
cayó como me se cayó, aunque la sociedad no
admita la segunda forma por no reflejar un comportamiento de conducta social
propio.
Además,
los conceptos de corrección / incorrección han cambiado a lo largo de la
historia de la lengua; lo que hoy es incorrecto (por ejemplo, el ai-ena) antes (siglo XVII) podía ser
correcto.
Incluso
hoy, la movilidad de la lengua hace que los conceptos de corrección /
incorrección no sean fijos. Así, se
prefieren, por ejemplo, expresiones como los Machado, los Quintero, etc., a las
formas que respetan la concordancia: los machados y los quinteros, y, que son mas propias.
Asimismo,
es frecuente encontrar expresiones lingüísticas que son aceptadas como correctas
en España, y, sin emabrgo, son rechazadas en Hispanoamérica; por ejemplo, en
España son cultas las acentuaciones: [cardiáco], [amoniáco], [periódo]...,
pero no lo son en Hispanoamérica.
Todo
ello ocurre porque la lengua es un sistema multiforme, y porque el dominio
cultural de los hablantes, y el conocimiento que tienen de la lengua, es muy
diverso.
Aun
así, creemos que la corrección lingüística es necesaria, y que los hablantes
deben ajustarse en sus expresiones al modelo de corrección que se establece en
la comunidad lingüística de la que forman parte, y en la que el dominio de la
expresión se considera motivo de prestigio y de cultura.
Por
otra parte, hablar bien no consiste sólo en utilizar una forma de expresión
correcta; los hablantes deben hablar, además, con propiedad.
Entendemos
por propiedad lingüística la adecuación interna de la frase al
pensamiento que se ha querido expresar. Así, es impropio decir le pegó a Juan sendas bofetadas (por grandes
bofetadas); los alumnos no cogen aquí
(por no caben aquí), etc.
Es,
asimismo, necesario que los hablantes se expresen y escriban con desenvoltura,
esto es, con posibilidad de elegir las formas lingüísticas apropiadas en cada
hecho de comunicación.
No
habla mejor el que siempre utiliza una forma de expresión culta, sino el que
sabe elegir la forma adecuada según el tipo de comunicación que realiza. Así, por ejemplo, nos parece
improcedente que un familiar se dirija a sus interlocutores y les exprese que el infante está inapetente (por el niño no tiene apetito), cuando tiene
la posibilidad de utilizar otras muchas formas más coloquiales y propias.
La
lengua es un conjunto de signos que forman un sistema en que se dan una serie de reglas que
relacionan todos y cada uno de los elementos del conjunto.
Las
relaciones que presentan las unidades lingüísticas son múltiples y diversas; y
por ello, en los estudios gramaticales se analizan las unidades de la lengua por
niveles.
-Nivel léxico: Se
estudia el origen y formación de las palabras.
Las
unidades de la lengua que se integran en cada uno de los niveles de estudio no
constituyen apartados lingüísticos autónomos e independientes, sino que las
unidades de un nivel lingüístico presentan distintos tipos de relación e
interdependencia con las unidades de los otros niveles. A veces, ni siquiera es fácil delimitar
las unidades que se agrupan en cada uno de los niveles lingüísticos arriba
anotados.
En
la introducción que aparece en cada uno de los capitulos que siguen, se
encontrará un estudio más amplio de las unidades que se agrupan en cada uno de
los niveles; asimismo, podrá observarse que el grueso de estos apuntes está
dedicado al estudio de las unidades del nivel morfológico y sintáctico.
Si tienes alguna sugerencia para ampliar o mejorar el tema, por
favor envíame un y
con
gusto tomaré tus comentarios.